viernes, 28 de junio de 2013

Soñé...

A Ollin y aunque sabíamos que estaba muerto nos alegraba su visita. Lucía muy cuidado y muy apuesto. Su pelaje brillaba, su color amarillo destacaba doradencias. Y nos sonreía y disfrutaba el también de la visita que nos prestaba. Lo disfruté a Ollin por un ratito, antes de despertar y darme cuenta que Ollin ya no está.

Soñé

Un paquete, una caja de cartón enviada a distancia: Eran fotos, cuadros y cartas con su letra. Una especie de detalle espiritual para aminorar nuestra triste historia...

lunes, 24 de junio de 2013

Un año después

Los fondos se agotaron. La esperanza de convencer al castrado de que no lo es. La fe de encontrar la luz ideal para ramificar, el sueño del camino, del sendero y el tren atravesando estanques con nenúfares. A fuerza de evadir el presente el pasado se perdió, se petrificó perdiendo su forma original, se fosilizó haciendo otra huella y el futuro se torció y se volvió inasible, incoherente, imposible. El cómodo y reciente ayer se volvió un inviable hoy: Los viajes a la playa, la vida intensa en la ciudad, pagando gustos innecesarios, ayer sonreía hoy quiero llorar. Hace años que no siento eso de expandirme en otro, de tocar cualquier nivel universal desde lo horizontal del placer. Encontrar al otro, tocarlo, vaciarse y llenarse mutuamente, eso quedó en un ayer muy remoto. Hoy no caben esos momentos, esos atajos que te hacen avanzar y te dan poder y remedio, esa medicina del fondo de un incendio bien colocado, bien preciso, en donde el único espejo que te refleja eres tú mismo en el otro, el otro en el mismo, y así sucesivamente... A falta de presente me enfoco en el recuerdo, en las madrugadas azules, dando vueltas en una cama, el olor del café en la cocina, las frutas directas de los labios, los duraznos, las ciruelas, todo era parte del amanecer, el canto matinal de las aves mezclado con el zumbido interno de un clímax acrecentado. Lo de después ahora no importa. Porque el después nunca era el antes, separarse no se parece a unirse, entonces ya nada era lo mismo. A veces quisiera buscar ese otro cuerpo que se ofrece siempre y existe hace 15 años, aunque por muchos ya lo he olvidado. Hace tiempo nos citamos en algún lugar, nos dijimos quien sabe qué y de la mano buscamos un lugar para amarnos. Pensaba tanto todo que me perdí el orgasmo, escuché incrédula el juramento típico de amor y luego regresé en taxi. Tenía 18 años cuando además tomé el metro, yo sola, después de que había jugado debajo de ese vestido largo, larguísimo en un departamento de Copilco. Yo ni siquiera sabía que Metro Copilco existía, esa tarde lo viví en carne propia. Así como recuerdo el pasado quisiera recordar un futuro totalmente a mi gusto: Mis recuerdos van atrás, como aquellos rubios, nórdicos, unos africanos, otros de otros fenotipos y yo amé a todos, a unos más que a otros, a unos pocos, a otros mucho, a ninguno demasiado.

miércoles, 11 de julio de 2012

Miles de voces y pasos unidos al mismo propósito: expresar el descontento, formar la denuncia, pero también la esperanza. Juventudes reunidas, respaldadas por sus famlias, por organizaciones sociales, por amigos. Manadas y hordas de manifestantes la mayoría respaldados por un grupo, coreando consignas con los más cercanos. Todos ahora con cámaras: cámaras de video, celulares, cámaras fotográficas, fotografiando, grabando y gritando, la mayoría leyendo y fotografiando momentos-pancartas-ideas. Las rimas se repiten, algunas tan propias como las del Frente de Defensa de la Tierra: "...tu muerte será vengada", le gritan a su muerto. "Yo sí soy la señora de la casa", gritan amas de casa golpeando cacerolas. Otros bordan en silencio, protestan con hilo y aguja, un pañuelo por cada víctima del mal gobierno, hilo rojo para los muertos, hilo verde para los desaparecidos. La música fúnebre de la banda marcha y un número unifica a tantos grupos y voces: El número132.

Volcán

Tenía que hablar de eso:
Una brasa viva,
ondulante
-Era el caldero-
Yo sólo arrojo piedras,
amenazo con sismos,
la montaña ya lanza
sus escupitajos pétreos,
terremotos,
olas de vapor que ayuhentan nubes
Las raíces del maíz
recién sembrado
-en sus faldas retiemblan-
El tiempero reza,
ofrenda por calma,
y derrite todo el hielo.

La blancura de la compañera
se vuelve agua.
Deja de ser sal mujer,
su cuerpo
Iztak-ciuatl
Mujer blanca/sal
El tiempero le calma,
pero el monte vocifera
-pide más Costumbre-
hace honor a su nombre
Popoka-humo, tepetl-cerro
Popocatepetl vuelve a ser
el cerro humo
el cerro del humo...

sábado, 24 de marzo de 2012

Sismo

Primero la turbulencia. A medio cielo. Yo iba hacia el baño, me agarró de sorpresa en el pasillo. Esperaba que se moviera el carrito despachador de refrigerios. Todo se movió y el piloto avisó que habría turbulencia. Estábamos entre las nubes. Aterrizamos en medio de una ciudad inmensa, casi gris, custodiada al oriente por sus inmensos volcanes. Sus cumbres nevadas. La mujer blanca de nieve cubierta estaba, tan mujer que su sensualidad dominaba la cuenca. Las fumarolas del Popocatépetl no las advertí. Parecía en reposo. Regresando, ya en casa, en el cuarto piso se movía todo, pero no era el piso, era yo. Sentía como aquella mala noche fondeando frente a La Paz, lejos de la orilla y lejos de ballenas rezagadas. Sentí como después de horas tripulando una lancha de motor. Al fin dormí, meciéndome aún pero concilié el sueño. Al día siguiente, o al siguiente, me sorprendió la alarma sísmica. Nunca la había oído. Las sirenas de los simulacros en las escuelas eran mucho menores. Presentí algo trágico, algo sorpresivo, y me quedé inmóvil en el pasillo, esperando. Solo tuve que esperar unos cuantos segundos, ya el viento confirmaba el presagio. Comenzó el movimiento oscilatorio. Fuerte, firme. Nada caía de su lugar pero todo se movía. Se movía todo el edificio, el librero, los libros, las plantas, las lámparas y se oía un estruendo, varios estruendos. Aunque la sirena lo dominaba todo, se alcanzaba a oír. El mareo le siguió después. Hubo numerosas réplicas, yo las supuse todas parte de mi mareo. Las alarmas no volvieron a sonar. Las comunicaciones colapsaron. No había manera de comunicarse con los demás. No quise salir a la calle. Prendí la tele, la señal era intermitente. Las imágenes me demostraban lo contrario a lo que había creído. Con la magnitud del sismo que yo percibí, pensé que el centro de la cd., Tlatelolco, Reforma, la Col. Roma, la Zona Rosa y Condesa, estarían colapsados. Me equivoqué. No había una sola ruina.
Una niña huichola apareció en la Sierra. Los marakames la consideran oráculo. Apareció acompañada de un "niño negro". Julián, marakame de Santa Catarina fue ayer a preguntarle sobre los temblores. Negociaron. Y dijo que ahora se calmarían, pero que en dos meses volvería a moverse la tierra.

domingo, 13 de febrero de 2011

La hora es transparente
O. Paz

La hora es transparente:
vemos, si es invisible el pájaro,
el color de su canto.

Mis ojos te descubren
desnuda
y te cubren
con una lluvia clida
de miradas

Baja
desnuda

la luna
por el pozo

la mujer
por mis ojos