"...La tinta verde crea jardines, selvas, prados, follajes donde cantan las letras, palabras que son árboles, frases que son verdes constelaciones..." O. Paz
lunes, 24 de junio de 2013
Un año después
Los fondos se agotaron. La esperanza de convencer al castrado de que no lo es. La fe de encontrar la luz ideal para ramificar, el sueño del camino, del sendero y el tren atravesando estanques con nenúfares. A fuerza de evadir el presente el pasado se perdió, se petrificó perdiendo su forma original, se fosilizó haciendo otra huella y el futuro se torció y se volvió inasible, incoherente, imposible. El cómodo y reciente ayer se volvió un inviable hoy: Los viajes a la playa, la vida intensa en la ciudad, pagando gustos innecesarios, ayer sonreía hoy quiero llorar. Hace años que no siento eso de expandirme en otro, de tocar cualquier nivel universal desde lo horizontal del placer. Encontrar al otro, tocarlo, vaciarse y llenarse mutuamente, eso quedó en un ayer muy remoto. Hoy no caben esos momentos, esos atajos que te hacen avanzar y te dan poder y remedio, esa medicina del fondo de un incendio bien colocado, bien preciso, en donde el único espejo que te refleja eres tú mismo en el otro, el otro en el mismo, y así sucesivamente... A falta de presente me enfoco en el recuerdo, en las madrugadas azules, dando vueltas en una cama, el olor del café en la cocina, las frutas directas de los labios, los duraznos, las ciruelas, todo era parte del amanecer, el canto matinal de las aves mezclado con el zumbido interno de un clímax acrecentado. Lo de después ahora no importa. Porque el después nunca era el antes, separarse no se parece a unirse, entonces ya nada era lo mismo. A veces quisiera buscar ese otro cuerpo que se ofrece siempre y existe hace 15 años, aunque por muchos ya lo he olvidado. Hace tiempo nos citamos en algún lugar, nos dijimos quien sabe qué y de la mano buscamos un lugar para amarnos. Pensaba tanto todo que me perdí el orgasmo, escuché incrédula el juramento típico de amor y luego regresé en taxi. Tenía 18 años cuando además tomé el metro, yo sola, después de que había jugado debajo de ese vestido largo, larguísimo en un departamento de Copilco. Yo ni siquiera sabía que Metro Copilco existía, esa tarde lo viví en carne propia. Así como recuerdo el pasado quisiera recordar un futuro totalmente a mi gusto: Mis recuerdos van atrás, como aquellos rubios, nórdicos, unos africanos, otros de otros fenotipos y yo amé a todos, a unos más que a otros, a unos pocos, a otros mucho, a ninguno demasiado.
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