Me gustan todos
pero ninguno como él
Nadie transpira,
sueña, sonríe, bebe,
ni ama ni toca como él
Nadie con su cuerpo
De otros solo sutilezas,
detalles,
de nadie la plenitud
solo matices,
solo partes y a veces,
por tiempos...
Con nadie me despierto ante un sol estrellado
ante un amanecer, detrás del cristal
y yo adentro y él también,
eso ya no,
no hay ni hubo flores blancas sobre la cama,
el Tzinacantepetl justo de frente
no hubo nunca la niebla de La Gloria
el riesgo de no salir del lodo
no importaba, porque él me guiaría
de la mano, y así salimos
"tú nos sacaste", creo que nunca se lo dije
y yo llevaba unas rosas,
que él me regaló.
Antes era todo placer,
descubrimiento
el bosque de atrás,
el jardín de adentro,
las limas de a lado,
las hojas grandes,
la papaya,
la miel,
el cereal,
los cigarros,
la cerveza,
el vino,
el pan,
los chiles,
las plantas,
las orquídeas,
la lluvia de todas las tardes,
todo era un deleite total
y así en medio del deleite
la vida se creó entre nosotros.
Después la mataríamos,
primero con jeringa,
con pastillas,
luego poco a poco...
y así descubrí el disgusto,
ya no fuimos los mismos
pero éramos todavía como Uno
una unidad no plena,
no completa,
pero una unidad,
una unidad hecha de dos
poco delimitados
yo podía ir hasta la estación,
tomar el camión,
viajar más de cinco horas
y llegar ahí,
a su sonrisa,
a sus tés,
a su minúscula cama de sanatorio,
a encontrarme,
a caber en su sueño,
entre su hombro y su brazo,
entre su alma y su espíritu
Y así esperábamos a que tocara
el inoportuno
Pedíamos que nadie
solicitara al doctor
de Real de Arriba...
Así volvía a mi unidad
a la vida que vivía
a fuerza de carretera,
de lejanía,
de línea y de señal,
a la vida de él,
la vida que él llenaba,
yo me creía muy completa
muy completa para andar,
para ser fuera de nuestra unidad
pero en realidad yo no era nada
en ese pueblo,
empezaba a ser cuando se lo compartía...
Todos nuestros descubrimientos...
la gente, la mina,
el bosque, la tierra,
las rosas, los duraznos,
la comida de Marcela,
los chiles manzanos
la iglesia de la plaza,
el color de las casas,
el camino,
todo existía
porque nosotros lo hacíamos real,
porque nosotros lo veíamos,
lo descubríamos
y lo hacíamos nuestro.
Hicimos Real el Real de Arriba.
"...La tinta verde crea jardines, selvas, prados, follajes donde cantan las letras, palabras que son árboles, frases que son verdes constelaciones..." O. Paz
jueves, 6 de enero de 2011
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