miércoles, 22 de diciembre de 2010

El año se termina. Inevitable, como los 28 detrás...
Empezó con su ausencia. Dejaba esa casa vieja, sus perros, los árboles... y venía a sustentarme en otra casa fría y vieja, yo sola, descubriendo cada duela... Todo era la esperanza fallida de viajar por México, conocer y ganarme así la vida, pero presto descubrí que la Ennvih no era eso, pero seguí, segura de descubrir grandes lugares, y así fué pero no como quería, no había posibilidad de seguir los manantiales de cerca de la Ventosa, La Ollaga... o San Juan Zapotitlan, cargar la mochila en burro... no fué así, pero yo continuaba, lamiendo la herida siempre abierta del desprecio, del olvido, pero aún así despertaba, antes de las siete, diario... y cuando no compartía el cuarto yo y mis rituales para dormir ese sueño pesado, adentrado a lo mas profundo, luego ya, todo era trabajo, caminos, papeles y carreteras. A mi regreso fué la cita, las firmas... y luego perdí ese trabajo, no volví a viajar con la ennvih, y en su lugar fuí a emplearme a San Angel con Jose Emilio Nader.
Al principio era la novedad de los banquetes, el placer por el hedonismo mismo, pero más que antes advertí el desperdicio, el tiempo perdido en esa casa perdida de La Paz. Ese olor a recinas inundaba perpetuamente el ambiente, y yo queriendo refugiarme de toda esa hostilidad y soledad, la propia y la ajena, traté de buscar consuelo en un intento de cariño que nunca fué nada y que fué cavando hoyos adentro, hoyos que se vaciaron y no tenían nada adentro. Esos vacíos no fueron compensados con el vino, ni los mazapanes ni el chocolate, ni la tapioca. Tampoco con esas intensas volutas de humo, con ese champagne de desayuno, con ese quiche a media noche, con ese deseo de volar y viajar y todo a futuro, mientras el presente se podría a una cuadra de la Plaza de San Jacinto.
Abandoné esa calle, esa causa, ese personaje, esa gente... y decidí terminar con una tesis que nunca he podido concluir...
Medio año en esa perdición... en esa búsqueda constante de cómo escribir, donde estar, qué hacer, cómo pensar, cómo vestir, cómo querer...
Viajes hubo, también a la península, cuando todavía no era vana la esperanza de construir algo relevante con Raúl. Juntos fuimos y gozamos cada uno su parte, remamos cada quien en su panga, cada quien sus olas, pero nos sonreímos de cerca y de lejos. De regreso todo fué otra vez distancia, lejanía y egoísmo mutuo.
Libros, cuentos, sueños, proyectos, rupturas, búsquedas y más búsquedas, fracasos y más fracasos, esperanzas y fé, felicidad y tristeza, nostalgia y emoción. Todo ha sido para concluir este año, tan trágico en cuanto al mundo y al país, tantas mentiras, tanta injusticia, todo yo lo veo desde la ventana, desde un pantalla a merced de una señal, desde casa de mis padres otra vez, de regreso como hace años...
Pero el año se acaba... otro empieza. Me gustaría que desde que empezara ya se notara la diferencia con el otro, que instantáneamente comiencen los éxitos, las llamadas, las oportunidades, la inspiración de acabar con el texto, recortarlo, triturarlo, inventarlo y entregarlo...
Ser otra pues, otra vez ser...

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